Por qué el sector de la industria de la alimentación no se va a hacer de oro en esta crisis

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Aunque en el imaginario popular se extienda la idea de que el sector de la industria de la alimentación se está haciendo de oro con la crisis de la COVID-19, sus integrantes lo niegan y consideran que están superando con éxito el mayor desafío en su historia reciente a costa de sacrificar beneficios.

El aumento de costes logísticos, el cierre de la hostelería o la caída del turismo son tres factores clave en su argumentario, al que se suma otro cambio de calado: fabricantes y supermercados se han centrado en el producto básico, un tipo de referencias con un margen de rentabilidad inferior.

Un ejemplo es la española Ebro Foods, uno de los líderes mundiales en arroz y pasta, y que centra sus líneas de producción en las referencias más básicas para adaptarse al nuevo escenario, en vez de fabricar “especialidades”.

En la práctica, esto supone reforzar la fabricación de arroz redondo y pasta simple, frente a otros artículos de su catálogo como los vasitos, el arroz basmati o los platos preparados con pasta, que aportan un beneficio sensiblemente superior por unidad.

Fuentes del sector de la industria de la alimentación confirman a Efeagro esta práctica también en otras categorías, como el lácteo, en línea con una estrategia visible en los supermercados de priorizar este tipo de alimentos básicos, reduciendo incluso el número de referencias en tienda o dándoles un menor espacio en el lineal.

“No es que hayamos dejado de vender productos, pero sí es verdad que estamos reponiendo algunos con mucha mayor periodicidad”, corroboran desde una gran cadena de supermercados.

Precisamente desde la distribución estiman un incremento del 20 % de los costes por cuestiones de logística (con la necesidad de llenar más camiones), seguridad (el gasto en medidas de protección para empleados y clientes, incluyendo reducir aforo) y contrataciones (para reforzar las plantillas y cubrir las bajas de quienes están en cuarentena o enfermos por el coronavirus).

“La reacción del conjunto de la cadena alimentaria ha sido la de entender que en estos días ha pasado de ser una actividad económica más a convertirse en una actividad esencial. La prioridad ha sido no fallar, sin preocuparse de la cuenta de explotación ni de hacer números”, asegura a Efeagro el director general de la Asociación de Empresas de Gran Consumo (Aecoc), José María Bonmatí.

Los primeros datos disponibles sobre la evolución del consumo en las tres últimas semanas de marzo apuntan a que la subida de costes no se ha repercutido en los precios; dentro del estado de alarma, el Gobierno podría incluso tomar medidas legales en el caso de que algún producto básico se encareciera hasta niveles prohibitivos.

Las cifras conocidas hasta ahora confirman un aumento del volumen de compra en los supermercados para consumir en el hogar de entre el 10 y el 15% tras el cierre de los bares y restaurantes, ya que después de la locura desatada en los días previos al estado de alarma la situación ha recuperado normalidad, dando un respiro al sector de la industria de la alimentación.

Bonmatí relaciona el abastecimiento de alimentos con una mayor sensación de tranquilidad por parte de la sociedad y destaca que el esfuerzo ha sido de toda la cadena, con casos como el de los pescadores o los camioneros, a los que incluso se permitió legalmente hacer más horas de las establecidas para garantizar el suministro.

“La actividad de la industria va más allá del canal supermercado, y en ningún caso se compensan las pérdidas que está provocando el cierre de la hostelería”, tercia el director general de la patronal FIAB, Mauricio García de Quevedo, quien apunta que para algunos subsectores y empresas fabricantes el horeca supone “más del 80 % de su facturación”.

García de Quevedo cita además la ralentización de las exportaciones y la caída del turismo entre los factores que explican los temores de la industria alimentaria.

De hecho, si en una primera fase la oleada de Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) se concentró en la restauración, ahora parece que le toca el turno al sector de la industria de la alimentación.

Cerveceras como Damm y Ámbar, los “gigantes” de la panadería congelada Europastry y Monbake, la fabricante de hamburguesas para McDonald’s Osi Food, la empresa de productos de pescado Leroy Processing (proveedor de Mercadona), cárnicas como Argal, así como Pernod Ricard (del segmento de espirituosos) son sólo algunas de las firmas que han aprobado ya o negocian un ERTE. Y se esperan más.

Fuente:  agroinformacion.com

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