La receta fallida de Apax Partners en Panrico

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Si las expectativas son las que determinan si una operación debe realizarse o no, las que motivaron la compra de Panrico hace cinco años fueron -al menos a día de hoy- fallidas.

En la sede londinense de Apax Partners muy pocos esperaban que la compañía fundada por la familia Costafreda encallase en 2010 en un punto de inflexión: o venderla al mejor postor o dar continuidad a la gestión actual hasta lograr un balance lo suficientemente saneado como para sacar al fabricante de Donuts al parqué.

Poco después de hacerse con el control de Panrico, Apax colocó como consejero delegado a Joan Cornudella, quien abandonó el barco a finales del pasado año. «Panrico tiene músculo suficiente para comprar casi todo lo que quiera», aseguraba Cornudella en una entrevista a CincoDías a mediados de 2007. Y en parte era verdad, dadas las adquisiciones que Panrico ha realizado en los últimos años. Pero la solidez financiera de la empresa se debía sencillamente al respaldo de Apax Partners, que se ha encargado de sostener de forma continuada los fondos propios de Panrico.

A finales de 2008, Panrico tenía un patrimonio neto negativo cercano a los 100 millones de euros. Una situación que ponía en peligro la viabilidad de la empresa. Pero Apax salió en su ayuda vía préstamos participativos. No en vano, la firma de inversión se ha comprometido a salir al rescate de su participada tantas veces como sea necesario.

Pero la banca acreedora no está tan comprometida. Apax pagó en 2005 por Panrico cerca de 900 millones de euros y a finales de 2008 (el último ejercicio con cuentas publicadas) su deuda ascendía a 560 millones. Un endeudamiento que actualmente está renegociando.

Unas negociaciones que no están siendo sencillas, ya que han llevado a Panrico a una situación de «venta técnica», como definen el proceso abierto fuentes que participan en el mismo.

Lo más relevante de esa «venta técnica» de la compañía española de alimentación es quién se ha encargado de iniciar este proceso. Ante la falta de apoyo público oficial de Apax a Panrico, parece que ha sido la banca acreedora de la empresa, cerca de 100 entidades financieras, quien ha promovido una posible venta de la compañía para testar la valoración que hace el mercado, y presionar a Apax para que aporte más fondos.

Oficialmente, Apax guarda silencio. Pero este mutismo no ha hecho más que alentar las especulaciones. Una de las opciones que cobra más fuerza es la búsqueda de un nuevo socio financiero. Es decir, sumar en el capital de Panrico a otra firma de inversión. Con ello, se compartirían riesgos y se contentaría a la banca, ya que en julio vence el periodo de carencia de pago de la deuda. No obstante se trata de periodos (waiver) que ya han sido negociados anteriormente y extendidos.

Con un nuevo socio en Panrico, Apax ganaría tiempo para perfilar la tan anhelada salida a Bolsa. Deseada porque cuando la firma de inversión aterrizó en Panrico se marcó el plazo de tres años, aproximadamente, para hacer caja y colocar de nuevo la empresa en el mercado.

Por el momento, parece que no van a faltar candidatos. Una de las firmas que suena es Permira, la sociedad de capital riesgo propietaria de Cortefiel, Telepizza y Dinosol, y que ya en 2005, cuando finalmente Apax se hizo con Panrico, mostró interés por la compañía española. Pero, llegado el caso de que Panrico se ponga finalmente en venta, también algún grupo industrial español podría entrar en la puja. Aunque esa posibilidad parece estar aún lejos.

En el otro extremo se encuentra la posibilidad de que Panrico entre en concurso de acreedores, lo que supondría una de las peores quiebras en la historia del sector de la alimentación española. Y una medida que ocasionaría un duro golpe a la imagen de Apax, sobre todo si se recuerda que la sociedad de capital riesgo cerró en 2007 su fondo Apax Europe VII con un capital comprometido de 11.200 millones de euros.

Dentro del sector alimentario español hay voces que, amparándose en el anonimato, critican la gestión de la dirección de Panrico por considerarla excesivamente ambiciosa y por no ajustar su producción a las actuales condiciones de mercado.

Apax puso en marcha, ya en 2005, un programa de reducción de deuda, para amortizar la suma pagada por el fabricante de pan y bollería. Por ejemplo, se desprendió de su sede barcelonesa. Un año después abandonó su aventura China al vender su fábrica en el gigante asiático. Lo mismo que hizo con su factoría griega. También salió del negocio de las cafeterías Dunkin Donuts al vender el 50% de la joint venture a su socio estadounidense Dunkin Brands.

Ésas fueron las operaciones de desinversión. En cuanto a las compras destaca la del negocio galletero de Kraft en España, por el que pagó en 2008 cerca de 60 millones de euros y por el que se hizo con marcas como Marbú, Chiquilín, Dinosaurus o Filipinos. Ya en 2009 compró a la italiana Barilla la marca de bollería La Bella Easo. Sin embargo, rentabilizar las marcas de alimentación es hoy más difícil que nunca, dado el imparable crecimiento de las marcas blancas, también en el segmento en el que se mueve Panrico.

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