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Una apuesta por la biotecnología alimentaria en España

viernes, 27 de noviembre de 2009

Aunque no sean conscientes, casi todas las empresas de alimentación utilizan de una u otra manera la biotecnología. Para controlar la seguridad de sus productos y asegurar que no hay riesgo para el consumidor; para tratar sus vertidos y sus residuos al objeto de minimizar el impacto ambiental; para incorporar algún ingrediente activo (nutricional, sensorial…) o simplemente para desarrollar algún nuevo alimento o producto que permita diferenciarse y abrir mercados. En todos estos casos y en muchos otros, la biotecnología juega un papel clave en el sector de la alimentación.

La biotecnología en la industria alimentaria tiene como objetivo la mejora de los procesos de producción de alimentos, así como el desarrollo innovador de alimentos más sanos, saludables y seguros. Según Miguel Blasco, director de I+D de AINIA centro tecnológico: “El futuro del sector agroalimentario está condicionado cada día más al desarrollo y la aplicación de I+D+i. Dentro de la innovación alimentaria, la biotecnología está comenzando a jugar un papel clave en el avance del sector”.

Las cifras hablan por sí solas: El 20% de las 500 compañías que desarrollan actividades biotecnológicas en España están relacionadas con la biotecnología alimentaria. A su vez, la industria alimentaria representa el 7,9% del PIB nacional y constituye uno de los sectores industriales con una balanza comercial positiva, generada como consecuencia de sus destacados niveles de exportación.

La distribución de empresas en España por sector de actividad en biotecnología se representa en la Tabla 1.

“En los últimos años, las empresas en biotecnología han incrementado su actividad mediante alianzas con compañías tradicionales de alimentación, con el fin de reactivar mercados mediante productos innovadores”, apunta Miguel Blasco.

Sin embargo, las empresas alimentarias españolas, como consecuencia de una tendencia más tradicional y conservadora relacionada con diversos factores como pueden ser la carencia de personal técnicamente cualificado, el distanciamiento entre los centros de investigación básica y la investigación aplicada empresarial y, en ocasiones, los vacíos legales que existen en algunos aspectos relacionados con la modificación genética en alimentos, se encuentran en una coyuntura empresarial complicada en cuanto a la aplicación de estas nuevas tecnologías.

Así pues, mientras otros sectores industriales más avanzados tecnológicamente como el sector farmacéutico o biomédico han incorporado en mayor medida estas herramientas, el sector alimentario español se encuentra en una situación particularmente conservadora que requiere urgentemente de estrategias innovadoras que permitan la dinamización del sector.

Por todos estos motivos, desde AINIA centro tecnológico y algunas empresas destacadas del sector se promovió en 2008 la creación de AFBIA (Agrupación para el Fomento de la Biotecnología Alimentaria). Esta Agrupación tiene como objetivos básicos establecer vínculos colaborativos y aunar intereses complementarios que permitan mejorar y avanzar en el conocimiento científico y tecnológico; la constitución de infraestructura tecnológica y el fortalecimiento del entramado empresarial en el ámbito biotecnológico.

En la actualidad AFBIA está formada por una treintena de firmas y centros de I+D y se ha convertido en el primer clúster nacional de biotecnología alimentaria, con un elevado dinamismo en la promoción e integración de iniciativas biotecnológicas para la innovación y la competitividad del sector agroalimentario español.

Retos y oportunidades

Según se desprende del Plan Estratégico del sector elaborado por AFBIA, hoy, la innovación, la investigación y el desarrollo tecnológico han dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad creciente, fundamental para dar continuidad al tejido industrial y mantener -y a ser posible aumentar- la competitividad de nuestra industria de alimentación en un mercado global.

Desde esta perspectiva, los avances en biotecnología aplicada al sector son claves. La biotecnología alimentaria se enfrenta a una serie de retos que deben abordarse desde un punto de vista estratégico, que requieren de actuaciones complejas difícilmente abordables desde un planteamiento individual. Entre estos retos destacan:

  • La mejora del conocimiento científico y tecnológico, a través del acercamiento entre la investigación básica y la investigación aplicada.
  • La construcción de infraestructura tecnológica de última generación (laboratorios, plantas industriales de bioprocesos, plantas piloto pre-industriales…) para soportar procesos innovadores y el desarrollo de nuevos productos.
  • El fortalecimiento del entramado empresarial agroalimentario que aplica procesos biotecnológicos.

Asimismo, para lograr una verdadera consolidación del sector debe desarrollarse una constante dinámica en la producción de conocimiento; el aumento de innovaciones y nuevos desarrollos científicos para empresas; la creación de empresas de base tecnológica e integración de capacidades multidisciplinares entre universidades, centros tecnológicos, empresas y administración pública.

Andrés Pascual, jefe del Departamento de Calidad y Medio Ambiente de AINIA.
Andrés Pascual, jefe del Departamento de Calidad y Medio Ambiente de AINIA.

Ante este entorno, AFBIA ha presentado su plan de actuación, centrado en el desarrollo de cuatro áreas estratégicas que cubren la aplicación de actividades tecnológicas de mayor impacto en la cadena de valor de la industria agroalimentaria española. Estas áreas se reflejan en el Cuadro 1.

Principales usos de la biotecnología en alimentación

Los principales usos actuales que está dando la industria alimentaria a la biotecnología se centran en las cuatro grandes áreas antes mencionadas: El control de la seguridad alimentaria de sus alimentos, tratar sus residuos para minimizar el impacto ambiental, incorporar nuevos atributos sensoriales o nutricionales o desarrollar nuevas sustancias que permitan una diferenciación de producto y/o mercado.

En el ámbito de la seguridad alimentaria, actualmente en España existe una importante implantación de técnicas de diagnóstico de laboratorios basadas en biotecnología. Estos métodos de diagnóstico están basados generalmente en técnicas inmunológicas (test ELISA) o bien moleculares (PCR) y suelen estar automatizadas en muchos casos.

“Sus aplicaciones son diversas -apunta David Tomás, jefe del departamento de Microbiología de AINIA centro tecnológico-, aunque las más comunes son la detección de microorganismos patógenos según la legislación vigente, así como la detección y autentificación de alimentos según la procedencia de sus ingredientes (alimentos transgénicos, especies de productos de la pesca…)”.

Además, “el empleo de herramientas biotecnológicas supone una importante mejora competitiva frente a los métodos convencionales, puesto que por una parte permite detectar de forma específica microorganismos (virus, bacterias…) que no pueden ser detectados mediante técnicas convencionales, y por otra parte suponen un importante ahorro de tiempo y costes en la obtención de resultados, así como en la introducción de controles de calidad más exhaustivos y seguros”, explica este experto.

Otro de los usos más habituales de la biotecnología en alimentación es la generación y desarrollo de alimentos funcionales. “El tema de los funcionales, desde mi punto de vista, es complejo puesto que en él confluyen diferentes circunstancias que tienen que ver no sólo con la tecnología en general o con la biotecnología en particular -señala Miguel Blasco- sino que también intervienen otros factores directamente relacionados con el consumidor y el mercado (hábitos de consumo, estilo de vida, intereses comerciales…)”, explica el director de I+D de ainia.

Teniendo en cuenta esto, el lanzamiento de productos funcionales se realiza en función de las ventajas que puede aportar para algún segmento de la población concreto o para situaciones de actividad determinadas. “Los lácteos han sido pioneros en el mundo de los funcionales -indica Miguel Blasco- pero no son los únicos. Otro ejemplo son las bebidas isotónicas o las barritas energéticas. También hay una oportunidad en productos de gran consumo como pasta, pan, bollería… en todos ellos se están produciendo grandes avances que ya están comenzando a salir al mercado”.

Para Meche Villa, técnico del departamento de Ingeniería y Procesos de AINIA y especialista en el área de biotecnología, “el principal interés común de las empresas de alimentación a largo plazo es el desarrollo y la comercialización de nuevos productos con propiedades más saludables y terapéuticas. Para ello, se necesita investigar para identificar y obtener nuevos compuestos funcionales, desde líneas celulares a microorganismos, sistemas biológicos… en definitiva, todo lo que tiene que ver con la aplicación de nuevas biofactorías”.

Asimismo, señala esta experta que “hay un vacío grande en lo que es la implantación y optimización de producciones industriales a gran escala de nuevos ingredientes funcionales y cepas prebióticas”.

También la industria de la alimentación recurre a la biotecnología para incidir en sostenibilidad, no sólo en lo relativo a la disminución de los impactos ambientales y en el desarrollo de nuevas formas de hacer más limpias y ecológicas, sino que también el avance científico y tecnológico en este campo está permitiendo mejorar la rentabilidad de muchos subproductos y convirtiéndolos en nuevos nichos de valor.

Al respecto, Andrés Pascual, responsable del departamento de Calidad y Medio Ambiente de ainia, señala algunas de las enormes posibilidades que existen de recuperar residuos orgánicos con fines energéticos.

“El biogás constituye la alternativa más adecuada para la valorización energética de residuos orgánicos agroalimentarios”, resalta. “En este campo, la biotecnología permite desarrollar algunas líneas de I+D punteras, desde el desarrollo de nuevos pre-tratamientos en el proceso de la co-digestión anaerobia necesario para generar la biomasa, pasando por la caracterización microbiológica de la fermentación mediante técnicas de biología molecular, validación de nuevos sustratos, reducción de riesgos biológicos… hasta el cultivo de microalgas a partir de digestatos y su uso y validación energética posterior, etc”.

También cabe destacar que hay grandes avances que se están obteniendo en la producción de sustancias -entre ellas fármacos e ingredientes alimentarios- recurriendo a la biotecnología como alternativa que necesita menos consumo energético o que produce menos residuos.

Empresas con empuje

En la actualidad AFBIA está formada por una treintena de organizaciones y entidades innovadoras y está abierta a nuevas incorporaciones. De acuerdo con sus fines y ámbito de actuación, la tipología de empresas y organismos socios o potenciales socios de AFBIA responde a perfiles muy diversos, entre otros:

  • Proveedores de equipamiento para el desarrollo de procesos biotecnológicos
  • Empresas de ingeniería
  • Proveedores de servicios de diagnóstico (biología molecular y biosensores)
  • Productores de aditivos y/o microorganismos de interés industrial
  • Empresas productoras de alimentos
  • Centros privados y públicos de I+D+i

La implicación de todos ellos en esta agrupación es notable y se ha comenzado a trabajar mediante grupos de trabajo especializados en tres líneas concretas de actividad. La primera de ellas va orientada a profundizar en el conocimiento y aplicación de nuevos ingredientes funcionales con propiedades inmunonutritivas, neuroprotectoras y otras capacidades terapéuticas en el desarrollo de nuevos productos.

La segunda va orientada a desarrollar escalados industriales y estudios de viabilidad de los procesos de producción de nuevos ingredientes funcionales previamente validados. Y el tercer grupo va a trabajar en identificar nuevos compuestos funcionales de interés para los integrantes del consorcio. Para ello, se están considerando nuevas fuentes naturales como son los recursos marinos o cepas de distinto origen con propiedades prebióticas. En definitiva, la biotecnología alimentaria implica aprovechar el espectacular desarrollo acaecido en la segunda mitad del siglo XX en el campo de la microbiología, la ingeniería genética y la biología molecular para innovar en la producción de alimentos, así como en el desarrollo de procesos industriales más sostenibles y menos contaminantes.

Tiene un enorme potencial de expansión en numerosos sectores productivos, desde la agricultura, a la industria productiva. Y mucho que decir para dar respuesta a demandas sociales y empresariales cada día mayores en el ámbito de la alimentación y la salud; la calidad y la seguridad alimentaria, la sostenibilidad y el diseño y la producción industrial. Está llamada a ser, según los expertos, una de las grandes tecnologías alimentarias del siglo XXI.

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