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Triticale con denominación de origen de Extremadura

Sábado, 27 de Agosto de 2016

Investigadores extremeños desarrollan variedades de este cereal y esperan poner tres nuevas en el mercado en 2017

El triticale es un cereal peculiar. Es un híbrido entre el trigo blando y el centeno. Del primero hereda las características en cuanto a producción y rendimiento y del segundo toma su rusticidad, lo que quiere decir que tolera mejor la sequía, el frío y se adapta mejor a suelos pobres.

En Extremadura hay sembradas actualmente algo menos de 18.000 hectáreas de triticale, de las que la mayoría -15.500- están en la provincia de Badajoz, mientras que de trigo duro, por establecer una comparación, hay 84.000 hectáreas en producción en el conjunto de la comunidad. «El triticale está empezando comparado con otras especies, aún así en la Finca La Orden se lleva más de 30 años trabajando con él», aclara Verónica Cruz, ingeniera agrónoma de Cicytex y parte del equipo investigador, junto a Antonio García Calvo, que se encarga de desarrollar nuevas variedades de este cultivo.

Su trabajo consiste en la selección de espigas del cereal en base a parámetros que buscan un mejor rendimiento y una mayor calidad. El proceso es largo debido a que el ciclo del triticale, como el del resto de cereales, es anual. Se siembra en octubre y se cosecha a finales de junio. Esto supone que entre cada selección de espigas y el análisis de los resultados tiene que pasar un año, explica Cruz, que espera que puedan poner en el mercado tres nuevas variedades en 2017.

No serían las primeras, desde 2007 se comercializan el Verato y el Montijano, que se venden a diferentes casas comerciales de dentro y fuera de la región. La diferencia entre estas dos variedades extremeñas ya existentes es su ciclo. «El Verato es de ciclo medio-largo, y el Montijano es de ciclo medio», expone Francisco González, jefe del departamento de Producción Forestal y Pastos de Cicytex, lo que se traduce en una diferencia de aproximadamente dos semanas en la fecha de floración.

Estas dos variedades son las más adecuadas para «lo que llamamos doble aptitud en el triticale, que es una de sus características diferenciadoras», añade Cruz en relación a los dos posibles aprovechamientos que tiene este cultivo.

Rentabilidad

A diferencia de otros cereales, en el triticale resulta rentable su aprovechamiento por el ganado en invierno y, aún así, recoger producción en verano. «Los agricultores están muy interesados en este doble aprovechamiento. Además, si el año ha sido malo, climatológicamente hablando, y se prevé una menor producción de grano, se puede segar antes y destinarlo a silo o a heno. Esto es algo que no resulta rentable con el trigo, por ejemplo», puntualiza la investigadora, incidiendo en que el grano se destina para pienso y el heno para alimentar al ganado. Precisamente por el aprovechamiento en invierno y en verano, una de las características que observan los investigadores a la hora de realizar la selección de espigas es el rebrote. Pero no es la única, «se eligen las que tengan mayor grano y valoramos la actitud que tiene el cultivo, si se encama (que se tumbe al suelo) o si se desarrollan enfermedades», según Cruz.

El estudio en campo va acompañado de las pruebas de laboratorio, que sirven para caracterizar la calidad tanto del grano como del forraje. «Para ver la calidad del primer aprovechamiento, las muestras secadas en estufa son molidas para medir distintos parámetros», indica Inés Ruiz, química de Cicytex. De esta forma se evalúa la calidad nutricional del cultivo, en función de niveles de proteína (entre el 22 y el 24 por ciento), y el porcentaje de fibra que será ingerido por los animales. Entre éstas últimas está la lignina, que influye negativamente en la digestión y que se encuentra en un porcentaje que no llega al cinco. Del grano se estudia su humedad, peso específico (densidad) y la proteína.

En base a estas características, se seleccionan las mejores espigas y se siembran, una operación que vuelve a repetirse cada año hasta obtener la homocigosis. «Esto significa que la selección se ha estabilizado y que todas las plantas presenten las mismas características, que la producción que se vaya a obtener de las semillas sea homogénea», en palabras de Cruz.

Las tres variedades con las que están trabajando en la actualidad presentan unas mejores características de rendimiento y calidad que las que ya están en el mercado. «Creemos que el triticale puede sustituir en tierras de secano al trigo, a la avena y al centeno, porque tiene rendimientos similares, pero tolera mejor las condiciones desfavorables», remarca la ingeniera agrónoma responsable del proyecto. Además, los investigadores han comprobado que es un cultivo poco propenso a las enfermedades, por lo que no requiere del uso de herbicidas ni de productos fitosanitarios. Sí necesita un abonado de fondo antes de la siembra y otro de cobertera, tras el primer aprovechamiento por parte del ganado.

Registro

Antes de su comercialización, las variedades deben ser registradas por la Oficina Española de Variedades Vegetales. Allí se revisa si presentan homocigosis mediante un ensayo de dos años. «Ven como se adaptan a las condiciones de Extremadura y de otras comunidades. Si el registro confirma que es una nueva variedad, se patenta y ofrece a las casas comerciales», expone Cruz, que reconoce que las tres que ya están casi listas para salir al mercado todavía no tienen nombre.

La comercialización de la semilla de estas variedades se realiza a través de productores seleccionadores o de productores multiplicadores, que previo contrato de licencia de multiplicación y explotación con la Junta de Extremadura solicitan la semilla de base para la obtención de las semillas certificadas R1 y R2, que son las que se venden a los agricultores. Son las empresas las encargadas de multiplicar esa semilla; mientras que Cicytex conserva la variedad para garantizar su pureza. Por cada kilogramo de semilla que reciben las casas comerciales, éstas obtienen un rendimiento de al menos 20 kilogramos de R1 y 400 kilogramos de R2.

La Junta de Extremadura, según González recibe una compensación por la conservación del material parental original y por las comprobaciones y ensayos siguientes en concepto de regalías, siendo éstas de un tres por ciento del precio de la semilla certificada comercializada por los productores multiplicadores.

La producción del triticale, en secano, está en torno a los 4.000 kilos por hectárea. Aunque esto depende mucho de la climatología. «Las lluvias de primavera de este año han hecho que se alcancen producciones de más de 5.000 kilos por hectárea, que es lo que se consigue en regadío», concluye González.

Fuente:  hoy.es

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