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Suiza importa chocolate de Alcalá

viernes, 25 de septiembre de 2009

En Alemania, Andorra, Austria, Dinamarca, Portugal, Reino Unido, Chile, México, Estados Unidos, Canadá, Taiwán o hasta en la mismísima Suiza, puede que alguien esté saboreando, en este mismo instante, una tableta de chocolate elaborada en una pequeña nave industrial de la antigua carretera de Ajalvir. Allí, María Eugenia Pozo y Carlos Ortiz cumplen desde hace más de tres años el anhelo de la empresa propia. Estos dos jóvenes -ella alcalaína- que se conocieron compartiendo creatividad en una agencia de publicidad, hoy comparten también sus vidas y comandan la fábrica ChocoLate Orgániko, un emprendimiento que ya exporta sus productos a 16 países pero que, como todas las fantasías oníricas, es mejor contarlas enseguida y con todos los detalles para que no se nos olviden…

“En 2006 hicimos realidad nuestro sueño, creamos un pequeño obrador de chocolate en Madrid, España, donde elaborar y diseñar nuestros propios chocolates, todos ellos a partir de Habas de Cacao Trinitario 100 % Biológicas procedentes de las Islas del Caribe. En nuestro estudio seleccionamos las mejores materias primas Biológicas que junto con el cacao convierte a nuestro chocolate en un producto exclusivo, especial para los paladares más exigentes. ChocoLate Orgániko, El Primer Chocolate Bio Hecho de Sueños“. Así, en español y en inglés y con una caricatura de sus caras estampada en una original tarjeta que acompaña a todos sus productos, María Eugenia y Carlos se presentan a sus clientes. “Puede sonar cursi, pero es lo que nos pasó y lo queremos transmitir”, confiesa ella.

Y es que todo en esta empresa está pensado para ser distinto. Desde el chocolate que fabrican, sin aditivos, conservantes ni nada que distorsione su sabor, color y aroma, hasta los envases con los que viajan por España y medio planeta. Y todo lo hacen ellos mismos. Mientras él, que es diseñador industrial, se encarga de crear la imagen y el formato del packaging, además también de elaborar las tabletas, bombones, trufas o pralinés, ella, comunicadora, lleva toda la relación con los clientes.

“Somos apasionados del chocolate y nos dijimos por qué no hacerlo nosotros como más nos gusta: puro y sano en su interior, con las materias primas de mayor calidad, pero dándole también mucha importancia a la apariencia y la estética. Que ofrezca bienestar por dentro y por fuera”, recuerda María Eugenia, desde un rincón de la nave, mientras Carlos termina de preparar una partida de bombones y Raquel, una de las tres empleadas que trabaja con ellos, acaba de dar forma a otra de trufas. “El hecho de venir del mundo de la publicidad, nos ayudaba a conocer los gustos y tendencias”, agrega.

Con esa sabiduría y el anhelo entre ceja y ceja, empezaron a mover los hilos de su proyecto en 2004. Carlos se puso a estudiar con Ricardo Martínez, reconocido maestro chocolatero de Madrid, dejó la agencia y metió la cabeza al cien por cien en el proyecto, mientras ella analizaba posibles mercados. “Hay mogollón. El chocolate es un producto energético, aporta un montón de cosas, sobre todo en países donde hace mucho frío. Es energía pura”, cuenta con la seguridad que le da el haber abierto la puerta hasta de la propia meca del manjar negro, como lo es Suiza. “Eso fue un gol. Vinieron a conocer nuestro obrador y decidieron comprarnos”, detalla María Eugenia. “En México también les ha encantado y ellos son productores de cacao”, completa orgulloso Carlos.

Claro que todo eso ocurrió después de despegar de la etapa de aprendizaje y empezar la de dejar volar la imaginación, esa que ha aterrizado en propuestas tan exóticas como chocolate con aceite de oliva virgen extra, con limón y pimienta rosa, chili, romero, clavo de olor o flor de sal de Ibiza. “Se nos ocurren muchas cosas y las vamos probando, algunas son muy ricas y otras las deshechamos”, confiesa Pozo, como parte de un equipo que hace de la elaboración de este dulce un culto a la alta cocina. Y por eso el resultado no se puede encontrar en cualquier escaparate: en general, son las tiendas llamadas gourmet o delicatessen las que se inclinan por los alimentos que salen desde el polígono industrial Inbisa.

Y hasta esos locales no llega tampoco todo tipo de cliente. El perfil de consumidor de ChocoLate Orgániko es muy específico: “No es un producto de lo más barato, pero puedes tener una tableta por 3.50 euros. Lo suele comprar gente preocupada por la alimentación, pero no en el sentido de si es o no light, sino quienes buscan el bienestar. No compran por comprar, no son tontos ni derrochan el dinero. Aprecian lo que va a ser beneficioso para su salud y les va a provocar bienestar. Y en menor medida, lo consume también quienes siguen modas o tendencias”, analiza Pozo.

Una máquina para fabricar los bombones, otra para el chocolate negro y una más para el blanco conforman hasta el momento el equipo motorizado de esta compañía tan artesanal, que hasta envasan a mano todas sus líneas de productos: Chocolates Gastronómicos Negro y Blanco, whydark*, Colección Grand Cru, Colección Única, Trufas Especiadas e Inspiración Barroca. Pronto llegará un aparato que se encargará de empaquetar, aunque tendrán que programarlo para que aprenda a meter un sueño en cada paquete.

Fuente: Diario de Alcalá

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