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Lujo comestible: los pasteles más caros del mundo se exponen en Madrid

sábado, 15 de octubre de 2011

Bañarse en chocolate, tener un jardín con flores de caramelo, ir al espacio en un cohete de bizcocho o explorar la galaxia sobre un bombón. Cualquier sueño puede hacerse realidad en el mundo de Christian Escribá, una verdadera fábrica de deseos que nada tiene que envidiar a la de Willy Wonka, y donde nuestras peticiones se convierten en deliciosos pasteles. Durante los próximos tres meses, una pequeña muestra de este universo dulce puede disfrutarse en el espacio Glass Bar del Hotel Urban de Madrid, transformado para la ocasión en un mágico banquete donde los más golosos podrán ver, oler y degustar las creaciones más apetitosas de este genio de la pastelería.

Acompañado de su mujer, la también pastelera de origen brasileño Patricia Schmidt, el barcelonés Christian Escribá presenta una colección de los pasteles más caros del mundo, creaciones artísticas que están fuera del alcance del bolsillo de la gran mayoría. Y es que algunos han alcanzado en el mercado el valor de 60.000 euros. Escribá no es sólo una institución reconocida por su vinculación con su amigo Ferran Adriá, sino también por ser el único pastelero que ha conseguido elevar su obra a grado de arte. Su imparable inventiva revoluciona constantemente el mundo de la pastelería y la repostería. “Esta iniciativa nos permite a los pasteleros ‘creativos’ salir de la rutina. Estar en Madrid, en el Hotel Urban y junto con Pommery nos ofrece la posibilidad de mostrar a un público de nivel nuestro trabajo”, asegura a Vanitatis el propio Christian Escribá. “Lo que ahora presentamos es lo más parecido a la Alta Costura dentro del mundo de la pastelería. Los Escribá somos una familia de pasteleros desde 1906, ya van cuatro generaciones, que hacemos desde los dulces más tradicionales hasta un tipo de pastelería muy exclusiva, que representa una combinación entre la locura o el extremismo con la perfección más absoluta”.

Pasteles de boda, monas de pascua, murales decorativos, regalos para empresas y también grandes producciones con el dulce y el lujo como absolutos protagonistas. Nada es imposible para Escribá. “La materia prima siempre es la mejor, pero el lujo se refiere a la exclusividad, a las piezas únicas, a la creatividad. Aquí se conjuntan una serie de maneras de pensar transformadas en un elemento, el dulce, que es el que trabajamos. Nosotros no decimos nunca que no a nada. Y tenemos proyectos realmente impresionantes, en muchos casos solo posibles con cierto poder adquisitivo. Podemos hacer prácticamente todo lo que a una persona se le ocurra que se puede hacer con chocolate, merengue, caramelo… Incluso un edificio”, asegura el pastelero.

De hecho, ya ha quedado demostrado en más de una ocasión que Escribá no entiende de límites. “Con Ferrán (Adriá) tengo mucha amistad, por eso me pidió que le hiciera el último pastel de la historia del Bulli, y el primero de la Bulli Fundation. E hicimos las dos cosas. En el primer caso fue un Bulli gigante, un perro, de merengue con un collar de flores de caramelo y diferentes tipos de pasta de azúcar, que presidía la foto de los grandes chefs del mundo que aquel día cerraron el restaurante. Y para lo segundo creamos un pastel que volaba, literalmente”.

Pero Christian también tiene muchas tablas en otros sectores, como el cine, la música o la moda. “Hemos hecho anillos de caramelo para Chanel, joyas para Chopard, zapatos de chocolate para Camper…” Y a su antigua pastelería de Barcelona acuden numerosos rostros conocidos con encargos de lo más variopintos, entre ellos Padro Almodóvar (para quien realizó dulces especiales con motivo del estreno de Todo sobre mi madre), Demi Moore, Mike Jagger… “También hicimos una araña de chocolate para el grupo U2, igual que escenario de su último tour”, presume el artista. “Trabajo con pasión. Para mí es tan importante Bono como la señora que cada día viene a la pastelería a comerse el cruasán crujiente de mantequilla. Los confiteros somos creadores de pequeños momentos de felicidad. En mi opinión, la pastelería tiene tres aspectos importantes que ha de lograr: sorprender, emocionar y crear un momento único inolvidable. Escribá se basa en esos tres pilares”.

“Lo más excéntrico que me han pedido ha sido desde ositos sadomasoquistas de chocolate, hasta pasteles que te exploten en la cara, que salgan volando… Lo importante es dominar las técnicas de la profesión, pero lo que me apasiona es cuando he de unirme con profesionales de otros sectores, que me aportan su conocimiento. Si tengo que hacer un pastel de ocho metros con forma de oso (nuestro próximo trabajo) no puedo concebirlo desde el punto de vista de pastelero, sino que tengo que conseguir un equipo de ingenieros, arquitectos… incluso gente de la construcción porque el chocolate va en hormigonera”, comenta Escribá.

Este concepto tan original respecto a la manera de entender la pastelería es algo realmente novedoso. Para Christian, hubo un antes y un después cuando su padre, Antonio Escribá, conocido en el mundillo gastronómico como el ‘Mago del Chocolate’ por aplicar técnicas revolucionarias para trabajar este producto, realizó para todos los trabajadores de La Caixa de Cataluña -12.000 en aquel momento, allá por 1979- un pastel de seis metros con la forma del edificio de la central. “A partir de ese momento hubo un cambio radical sobre la forma de concebir la pastelería. Yo siempre digo que no hay evolución sin tradición”, añade el hijo del reconocido pastelero.

La exposición de las creaciones de la pareja de pasteleros estará expuesta hasta el próximo mes de diciembre en el Hotel Urban de Madrid, dentro de la iniciativa GlassArt, que nace del nombre del mítico bar del hotel y que propone ‘ver el arte a través del cristal’, mostrando las obras de distintos artistas españoles de muy diferentes disciplinas, no solo en el interior del hotel sino también para que sean vistas desde el exterior. La colaboración con Christian Escribá supone la segunda edición de las seis que por el momento están pensadas.

Fuente: Vanitatis

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