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La nueva era de los caramelos

Viernes, 27 de Enero de 2012

En la madrileña calle Toledo un escaparate adorna la calle con los coloridos envoltorios de miles de caramelos. Es un enclave tradicional de golosinas en la capital: cualquiera que quisiera golosinas sabía desde 1934 que podía ir a Caramelos Paco. Hoy, este comercio sigue funcionando bajo una apuesta por un surtido casi ilimitado de golosinas y cuyo negocio se fue diversificando con una oferta, por ejemplo, de disfraces.

Caramelos Paco opta por la tradición y una oferta clásica, mientras surgen comercios con los caramelos como protagonistas de negocios en busca de clientela gourmet. Hace más de 20 años, la competencia de comercios como Paco eran cadenas como Caroline o Antojos. Hoy, mientras las cadenas tradicionales de dulces crecen, mezcladas con tiendas de chucherías de barrio y confiterías clásicas como La Pajarita o La Violeta, en Madrid, surgen nuevos formatos de negocio asociados a los caramelos.

Uno de ellos es Happy Pills, un negocio familiar con varias tiendas en Barcelona (donde se abrió la primera en 2005), Zaragoza y Bilbao y con la opción implantada del comercio online. Con look de farmacia, aquí se replica el modelo tradicional de tiendas de golosinas bajo el formato de sírvase usted mismo, sólo que en vez de empaquetarse en bolsas, se puede hacer en tarros de píldoras (formato que tienen casi todos sus caramelos) o en pastilleros, en los que se puede pegar una etiqueta con diferentes mensajes como éste: Contra los teléfonos que no suenan. Otro negocio contemporáneo de caramelos se llama Oomuombo, con varios puntos de venta (a través de franquicias) en España y con una oferta de golosinas naturales suecas vendidas al peso, en ciertos casos con algún ingrediente escandinavo que origina caramelos salados.

Y, como enclave imprescindible y cosmopolita, está Papabubble, un rincón abierto por los australianos Tommy Tang y Christopher King en 2003 y que, hoy, tras un cambio de dueños (sus aventureros creadores se mudaron a vivir a Bangladesh), crece bajo el sistema de franquicias con dos tiendas en Barcelona y puntos de venta en Ámsterdam, Lisboa, Nueva York, Sao Paulo, Tokio, Taipei, Seúl, Moscú y Hong Kong. Su receta se basa en mezclar una estrategia de negocio moderno con una elaboración artesanal. A veces, es posible seguir este proceso de fabricación in situ en los mostradores de la tienda de la calle Ample, en Barcelona. Cualquier gourmet debe probar sus caramelos duros o blandos todavía libres de un proceso de fabricación masiva y que pueden encargarse a la medida de las necesidades personales o corporativas de un cliente.

Fuente: Expansión

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