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La industria alimentaria de EEUU pretende apertura del mercado a productos considerados no seguros por la UE

sábado, 15 de noviembre de 2014

La producción de alimentos está regulada por numerosas normas y controles para evitar la aparición y proliferación de enfermedades o contaminación. Estas normas son imprescindibles para que la producción industrial de alimentos ofrezca unas mínimas garantías de sanidad e higiene, ya que es en la producción intensiva, con animales hacinados y sus monocultivos repetitivos donde se dan la mayoría de las alertas sanitarias.

La forma de regular la producción de alimentos es muy diferente entre la Unión Europea y Estados Unidos. Hay una diferencia radical de enfoque: mientras en la UE la seguridad alimentaria se practica de “la finca al plato”, es decir, en todas las fases de la producción, en EEUU solo se revisa el producto final. En la UE además está vigente el principio de precaución. La diferencia de enfoque no es banal, influye directamente en lo que encontramos en nuestra comida y en lo que dicen (o no dicen) las etiquetas de los alimentos.

Algunas de las sustancias y productos más polémicos son los tratamientos desinfectantes de la carne.

En la producción industrial de pollo en EEUU es habitual sumergir a los pollos en cloro (lejía) al final del proceso de producción.

Esto permite disimular cualquier contaminación que haya sufrido y por ello no está autorizado en la UE. A la carne de vacuno se le aplica ácido láctico poco antes de llegar a la tienda, con el mismo fin. Otras de las sustancias prohibidas en la UE, en la producción y la importación, son las hormonas y promotores de crecimiento. Ésta es una práctica muy rentable y extendida en la ganadería estadounidense: además de las hormonas que aumentan la producción de leche en las vacas. al ganado vacuno y porcino se le suministra una hormona en concreto, la ractopamina, para impulsar el crecimiento en la última fase del engorde. La ractopamina está prohibida no solo en la UE sino también en China, Tailandia y otros países por sus efectos en la salud.

Otros controles que la gran industria alimentaria quiere rebajar afectan a algunas enfermedades del ganado como la triquinosis y la mastitis. Consideran las revisiones europeas demasiado estrictas y costosas. Además los residuos permitidos de pesticidas y otros tóxicos en las frutas y verduras son mucho más elevados que en la UE. La gran industria alimentaria estadounidense pretende que el TTIP (Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión por su siglas en inglés) abra las puertas a todos estos productos que no se consideran seguros en la UE.

La llegada de estos productos, tóxicos y producidos a muy bajo coste, supondría una competencia atroz para la agricultura y la ganadería europeas. Las explotaciones familiares que producen alimentos sanos y respetuosos con el medio ambiente se verían seriamente perjudicadas por el desembarco de estos productos.

Fuente: Nueva Tribuna

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