Jijonenca busca nuevos paladares para sus helados

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El fabricante de postres artesanales se resiste a comercializarlos en los supermercados

José Abad, director general de Jijonenca, pronuncia frases aparentemente atípicas en boca de un empresario, como que ingresar menos dinero no tiene por qué ser malo o enorgullecerse de no querer trabajar para grandes empresas de distribución. “Llevamos siete años sin incrementar precios, si hemos podido [hacerlo] para que el asociado tenga mejores herramientas, no se incrementan. Si eso es una pérdida del 14% o 15% en siete años, pues no pasa nada”, dice. “Todo eso solo se puede hacer si tienes muy claro cuál es tu segmento y la forma de actuar. Nosotros tenemos muy claro quienes somos”.

Jijonenca —fundada en 1968 y uno de los líderes del segmento de helados artesanales en España— también es una empresa atípica. En apariencia, opera en un régimen similar al de una cooperativa, pero es una sociedad anónima. Tiene alrededor de 700 socios y 900 heladerías. La compañía no dispone de puntos de venta propios sino que son propiedad de empresarios que son accionistas minoritarios del grupo. Este simplemente les abastece con sus productos. Y muchas de esas heladerías no llevan el nombre de Jijonenca, dado que existían antes de que se fundara la sociedad Injihesa hace 51 años en El Vendrell (Tarragona), un nacimiento que fue apadrinado por 19 heladeros de Jijona (Alicante) que tenían negocios en Cataluña.

Superado el medio siglo de vida, Jijonenca aspira a expandirse por España. Es omnipresente en todo el arco mediterráneo, pero apenas dispone de puntos de venta en el interior y en la costa atlántica, donde ve oportunidades de crecimiento. “Proporcionalmente, diría que se consume más helado en el interior que en la costa”, señala Abad. “Me gustaría que el proceso fuera lineal. Ese es nuestro reto, continuar una expansión con la misma filosofía”.

El fabricante de helados obtuvo un beneficio de 1,4 millones de euros en 2018, según sus cuentas depositadas en el Registro Mercantil. Las ventas fueron de 15,8 millones y el total de activos ascendió a 17,9 millones. La empresa tiene alrededor de 130 empleados en sus fábricas y centros logísticos. Cuando las heladerías abren —la gran mayoría solo lo hacen en verano—, el número de trabajadores directos e indirectos asciende a unos 4.600. “Somos autogeneradores de recursos propios”, dice el directivo, quien asegura que la empresa no tiene ningún problema financiero ni deuda.

Jijonenca mantiene su sede social en Cataluña, donde tiene un nuevo centro de distribución, pese a que en 2012 cerró su fábrica de El Vendrell —lo que supuso un expediente de regulación de empleo que afectó a una veintena de trabajadores— y trasladó, por motivos económicos y de espacio, toda su producción a Jijona. En Alicante ya tenía dos fábricas y allí está instalado el equipo directivo. La compañía tiene otro centro logístico en Andalucía.

El consejo de administración de Jijonenca está integrado por nueve heladeros y el director general insiste en las bondades de ese enfoque. “No se habla el lenguaje de incrementos de facturación o de beneficios. Lo que se habla es de desarrollo de productos y calidades porque, al fin y al cabo, lo que está defendiendo cada uno es su heladería”, dice Abad, que lleva 13 años en la firma. Sostiene que el hecho de que los directivos sean heladeros les permite tener un contacto directo con el cliente y conocer los cambios de tendencia para desarrollar en invierno nuevos productos fruto, por ejemplo, del mayor interés por helados orgánicos, sin azúcar o para celiacos.

Raimon Mirosa, profesor de marketing en la escuela de negocios Esade y consultor de consumo, destaca que hay “muchas empresas muy enfocadas en el corto plazo” y sostiene que Jijonenca hace bien en mirar también al largo plazo. “Tienen un enfoque muy importante en temas de cliente. Hay muchas marcas con el discurso de centralidad del cliente, pero no lo incorporan en su estrategia”, añade.

Al margen de surtir a sus heladerías, Jijonenca también desarrolla algunos productos para terceros. Produce turrones de Jijona para las heladerías que no cierran en invierno y para otras enseñas que ponen su propio nombre al producto. Y también fabrica helados —con el nombre del distribuidor— para pequeñas cadenas extranjeras de supermercados de gama alta en Francia, Portugal y Bélgica.

Lejos del hipermercado

Pero Abad se congratula de no trabajar para grandes distribuidores: “Al ser una empresa tan antigua —nacimos antes que las grandes superficies— tuvimos la posibilidad de trabajar para todas, incluso en centros comerciales muy famosos en España. El consejo de administración siempre se ha negado porque veía que (y ahora el tiempo ha demostrado que tenían razón) era otra guerra: no puedes ir y encontrar una oferta en un centro de Jijonenca y ver en otra heladería el mismo producto con otros estilos. Siempre se ha apostado porque sea exclusivo y de alta calidad. Cuando empiezas a producir para todas estas grandes superficies se ha perdido la cualidad de lo artesano porque vas a precios”.

El directivo también deja claras las coordenadas de Jijonenca ante el futuro. “No tenemos grandes pretensiones de exportaciones, ni aliarnos con grandes cadenas de distribución o de marca blanca. Nuestra filosofía de crecimiento se hará a través de nuestro negocio, que son las heladerías”, subraya.

Fuente:  elpais.com

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