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El mundo teme otra crisis alimentaria en 2010

viernes, 29 de enero de 2010

A finales de 2006 la prensa internacional se hizo eco durante apenas unos días -más como anécdota que como síntoma de algo más importante- de las protestas desatadas México por el brusco encarecimiento de las tortillas de maíz, uno de los pilares de la dieta nacional, sobre todo entre los más pobres. Era sólo el primer aviso de lo que estaba por venir. En 2007 y 2008 los disturbios sociales por el precio disparado de los alimentos recorrieron el sudeste asiático, África y Latinoamérica.

Entonces, el persistente aumento de la población mundial, el fuerte incremento de la demanda (fundamentalmente por el cambio a mejor de la dieta de países superpoblados como China e India), una producción alimentaria creciente pero no a los ritmos necesarios, la desviación de una gran parte de las cosechas de cereales para la producción de biocombustibles e incluso la especulación financiera configuraron una tormenta perfecta que llevó a casi duplicar el precio global de los alimentos. Uno de los resultados más visibles fue que el contingente de hambrientos del mundo se incrementó en 100 millones de personas, hasta un total e 900 millones.

El temor a que los precios alimentarios vuelvan a dispararse en 2010 ha empezado a ser visible. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, en sus siglas en inglés) ya ha advertido de que los precios de los alimentos pueden volver a subir, después de un 2009 en que la presión inflacionista se atemperó. Y los analistas dan verosimilitud a estas alertas.

El Mapa de Riesgo Político de 2010, elaborado por Aon y Oxford Analytica, incluye este año por primera vez dos nuevos índices relacionados con la inseguridad de alimentos y agua y con el suministro de productos agrícolas. Ambas entidades alertan de que 2010 puede ser un año en que se registre un fuerte incremento de los precios agrícolas.

“Estamos ya viendo ejemplos de países que no pueden producir cantidades suficientes de ciertos alimentos y que, en las circunstancias financieras actuales, no se pueden permitir su importación”, explica Mariano Viale, director de Riesgo Político de Aon España. “Esto supone cierta presión para la estabilidad social del país y puede llevar a incidentes geopolíticos como los que tuvieron lugar en 2007 y 2008”. Según el estudio de Aon, entre los países más expuestos a una posible inseguridad de alimentos y agua son mayoría los del continente africano. El ranking lo encabezan Mauritania, Cabo Verde, Senegal, Gambia e Irak.

La recuperación como problema
La incipiente recuperación de la economía global puede tener efectos perversos en el ámbito alimentario. “Con la perspectiva de una verdadera recuperación durante el próximo año, se espera un aumento de la demanda global de agua y alimentos. Esto constituirá un problema adicional a los incidentes que ya se están experimentando en algunos aspectos relacionados con el suministro”, subraya Viale.

Con una demanda creciente, es posible que la oferta, en lugar de ajustarse al alza, sufra recortes como resultado del calentamiento global. “Muchas de las regiones más productivas del planeta experimentarán una reducción en su volumen de producción si las temperaturas aumentan” por el cambio climático, explica Aon.

El Foro Económico Mundial, que se celebra en la localidad suiza de Davos del 27 al 31 de enero, también ha incluido en su habitual informe de riesgos para la economía global una posible volatilidad de los precios de los alimentos. El Foro ha alertado de que un encarecimiento brusco generaría, a escala global pero fundamentalmente en las regiones más desfavorecidas, brotes de malnutrición, problemas de salud, así como malestar social y disturbios constantes.

El Mapa de Riesgo Político de Aon apunta, en paralelo, que la excesiva concentración de la producción de determinados productos agrícolas en países potencialmente inestables genera aún más peligros de cara a un suficiente suministro global. Un amplio porcentaje de la producción mundial de cacao, maíz, arroz, azúcar, trigo o café se concentra en países como Myanmar, Bangladesh, Costa de Marfil, Nigeria o Indonesia. “El mundo se enfrenta a un riesgo de falta de agua y alimentos sin precedentes”, sentencia Sam Wilkin, director de consultoría de Oxford Analytica.

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