El IRFAP recupera 22 variedades antiguas de cereales de Balears

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El instituto que depende de la Dirección General de Agricultura y Ganadería ha completado toda la colección de cereales con estas nuevas variedades que durante cuatro o cinco décadas han permanecido en el banco de semillas de Madrid sin tener ninguna réplica, ha informado la Conselleria de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca en un comunicado.

Todas las variedades de cereales han sido sembradas en el edificio sa Granja de la Conselleria, para multiplicarlas y para disponer de material para el banco de semillas de Baleares, y para hacer una precaracterización de variedades.

Durante décadas el banco de semillas del Centro de Recursos Fitogenéticos de Alcalá de Henares ha mantenido una colección de diferentes especies de interés agrario entre las que destacan una elevada diversidad de leguminosas y cereales de las Islas Baleares.

En 2010, a iniciativa de la Asociación de Variedades locales, se empezó a recuperar una parte de este patrimonio genético valioso, primero de cereales (14 trigos y 3 avenas) y después de leguminosas.

Se han reunido varios cerealistas y un antiguo molinero conocedores de las variedades locales para determinar la correspondencia de las variedades con sus fenotipos y compartir los conocimientos sobre las variedades de trigos antiguos y los usos propios.

Estas semillas servirán para continuar la multiplicación de las variedades de mayor interés.

Hasta los años 50 del siglo XX aún se mantenía en las Islas una riqueza de variedades importante de cereales. La vieja fijación de la autarquía hizo perdurar en Mallorca el cultivo de los trigos (especialmente los blandos o de harina) como centro de las rotaciones de cultivos herbáceos y, a pesar de producir rendimientos bajos, porque todo el mundo quería sembrar los para autoabastecerse de harina.

En aquel tiempo los cerealistas recolectaban y mejoraban las espigas más apropiadas para seleccionar la masa y iban manteniendo las variedades autóctonas, pero esta actividad fue perdiendo interés rápidamente con la entrada de las variedades comerciales extranjeras y el inicio del turismo de masas.

La erosión genética de los trigos durante el siglo XX está claramente documentada en el ámbito estatal. En 1859, Alejandro Olivan dejó constancia de que los trigos conocidos en el Estado llegaban a 1.300. En 1954, Manuel Gadea ofreció una lista de unas 600 variedades de trigos cultivados, mientras que en 1986 la lista de variedades ya incluía tan sólo 114, de las que sólo una décima coinciden con la lista de 1954.

Justamente Gadea, amparado por el Centro de cerealicultura de Madrid, publicó un libro y recolectó buena parte de las variedades de trigo que probablemente horno la colección del Centro de Recursos Fitogenéticos, donde se han conservado al menos 15 variedades de cereales en Baleares con algunas sinonimias (principalmente trigos valenciano, alemán, griego, argelino, mollar, barba, blando, muerte, además de avenas y cebadas).

Las variedades de trigos harineros como la «xeixa», «mort» o «barba» han despertado recientemente el interés de panaderos de panes tradicionales.

Sin embargo, sus valores bajos de fuerza (según los últimos estudios, por debajo los niveles de fuerza -W- considerados como panificables) y su heterogeneidad abren un gran horizonte para el estudio y selección de estas variedades antiguas para la elaboración de pan, pastelería y otros usos, como el malteado para cerveza en algunas variedades de alto contenido de amilasas, como el «xeixa blanc» o el valenciano de caña vacía.

Fuente:  mallorcadiario.com

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