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El CSIC desarrolla variedades de trigo aptas para la mayoría de celíacos

viernes, 15 de abril de 2011

La enfermedad celíaca es un trastorno autoinmune que consiste en la intolerancia permanente a una parte del gluten y que afecta hasta al 2% de la población española. En la actualidad, no existe cura para esta afección y la única alternativa para los enfermos es mantener una dieta libre de gluten. Una investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha logrado desarrollar variedades de trigo que podrían ser toleradas por la mayor parte de las personas sensibles al trastorno.

La investigación, que ha sido publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), revela que las variedades desarrolladas por el CSIC producen una reacción hasta un 95% menos tóxica que el trigo natural. El hallazgo se ha conseguido mediante la modificación genética de este cultivo a través de la supresión de la mayor parte de la fracción de proteínas responsables de la respuesta alérgica por parte de los enfermos, las gliadinas.

Para comprobar el éxito del trabajo, se analizó la reactividad de las harinas del trigo transgénico y una serie de linfocitos T, en un experimento in vitro que simulaba el proceso de digestión en el intestino delgado. Los linfocitos T, que son los glóbulos que reconocen las gliadinas y desencadenan la reacción tóxica en los celíacos, fueron extraídos de los propios enfermos. “En la mayor parte de los experimentos, la reactividad de las gliadinas se redujo entre un 90% y un 95%”, asegura el responsable del estudio, el investigador del Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC Francisco Barro. Incluso “en algunos casos no hubo reacción alguna”, añade.

Para que un alimento sea considerado exento de gluten según la Comisión del Codex Alimentarius (creada por la Organización Mundial de la Salud), debe contener un máximo de 20 miligramos por cada kilo del producto (mg/kg). Esta cantidad incluye tanto la fracción de gluten tóxica como la inocua. Las harinas desarrolladas por el CSIC “contienen unos valores aproximados de entre 40 mg/kg y 50 mg/kg, aunque esta cantidad disminuye en el producto alimenticio final”, explica Barro. Sólo una minoría de los enfermos celíacos lo son de forma estricta, lo que significa que no pueden ingerir más de 10 mg/kg de gluten. La gran mayoría de los afectados “puede consumir hasta 100 mg/kg, por lo que estas harinas podrían ser consumidas por ellos”, asegura el investigador del CSIC.

Aunque la modificación de estas variedades de trigo supone la reducción de sus proteínas, Barro asegura que “sus propiedades nutritivas serán similares a las del trigo común”. Las versiones transgénicas compensan este déficit de gliadinas aumentando su contenido en otras proteínas presentes en el grano ricas en lisina. Este animoácido, “esencial para los humanos, debe incluirse en la dieta ya que el organismo no lo genera de forma natural”.

Grupo de investigación liderado por el investigador del CSIC Francisco Barro

Grupo de investigación liderado por el investigador del CSIC Francisco Barro

Las pruebas llevadas a cabo con estas variedades de trigo “han sido muy satisfactorias”, afirma Barro. Los resultados dieron “valores normales de textura, sabor y aspecto, comparables con las de la harina de trigo común”, añade.

 

Difícil comercialización

Según el investigador del CSIC, “Los colectivos celíacos han apoyado activamente el desarrollo de estas variedades y están entusiasmados con el avance”. No obstante, “el proceso para llegar a comercializarlas va a ser muy complicado”, se lamenta. Además, “mantener una dieta libre de gluten supone un elevado coste económico y está presente en la mayoría de los productos que se consumen”, añade.

Muestras de trigo: superior con gluten e inferior sin gluten

Muestras de trigo: superior con gluten e inferior sin gluten

La patente del CSIC ha sido adquirida por una compañía inglesa. El equipo está en proceso para comprobar la eficacia de las variedades en pacientes in vivo a través de un ensayo clínico. La investigación también ha contado con la participación del Instituto de Inmunología de la Universidad de Oslo (Noruega).

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